LA DOCTRINA PENAL

La doctrina penal tiene en el homicidio agravado un nuevo componente: “El
sicariato”, un fenómeno social y delictivo que se esta desarrollando en América
Latina, original de una vertiente delictiva común: el narcotráfico, pasando a
convertirse posteriormente en una actividad delincuencial cotidiana, no
necesariamente ligada al tráfico ilícito de estupefacientes, en países como
Colombia cuna desde la que se gestó, México, Venezuela, Brasil, Argentina,
Perú y especialmente el Ecuador.
El sicariato ha empezado a presentarse en nuestro país con mayor fuerza
durante estos últimos tiempos como consecuencia de una serie de factores que
generan un panorama complejo. El asesino a sueldo que es la definición de
este tipo de delincuente en realidad no es un fenómeno nuevo ni en el mundo
ni en nuestro país, lo cual quiere decir que no es un hecho delictivo que “llega
desde afuera” ni que tampoco es reciente. En el país existe sicariato desde
tiempos inmemoriales, aunque desde principios de los años noventa del siglo
pasado se ha incrementado y ha cambiado sustancialmente, debido a la
influencia del narcotráfico y el paramilitarismo colombiano.
Por sus implicaciones de afectación al supremo derecho a la vida humana, por
la crueldad inhumana con la que se comete y por mercantilizar la vida de las
personas, el sicariato bien puede ser conceptualizado como un delito de lesa
humanidad y el de mayor gravedad en la escala penal, que debe ser juzgado
conforme a la magnitud de la conducta de su autor, con todo el rigor de la ley,
en el marco de lo que dispone la Constitución.
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